La historia que me condujo hasta AQUÍ

Mi nombre es Jose (Jose Iglesias, para los que me conocen profesionalmente ;-)).

Mucha gente me pregunta si me dedico a esto de la Arquitectura Técnica por vocación. Y  no sé qué contestarles. Porque aunque ahora sé que ser Aparejador es mi pasión profesional y no existe otra cosa a la que quiera dedicarme, no fue algo que viniese de serie en mi ADN, como le pasa a otras personas que, en cuanto empiezan a hablar, ya saben lo que quieren ser de mayores.

Quizás tuvo algo que ver el Tente (el abuelo del actual Lego) que mis padres me compraron cuando tenía 6 años, después de una operación de amígdalas, como regalo para sobrellevar mi convalecencia en casa.

Junto con un coche teledirigido que tuve más tarde, el Tente fue el mejor juguete de mi vida y mi fiel compañero en tardes infinitas. Después de tantos años, aún recuerdo con cariño las horas que me pasaba creando construcciones e imaginando mis diseños en el espacio gigante que habita en la mente de un niño.

También tuvo mucho que ver que, por un guiño del destino y por mi insuficiente nota en selectividad, no entrase en la carrera de Arquitectura apenas por unas décimas y me «tuviese que conformar» con mi segunda opción de Arquitectura Técnica. Nunca me he sentido más feliz en mi vida por no alcanzar la «nota soñada».

Muchas veces pienso qué habría sido de mi vida si hubiese entrado en Arquitectura, y me entran escalofríos solo de verme como alguien distinto a quien soy ahora. No me imagino mi vida metido en un estudio, realizando proyectos a diestro y siniestro y alejado de donde sucede la verdadera acción: la ejecución de la obra.

Yo «soy de exteriores», me dijo una vez un compañero, y tenía razón. Sentir el olor del hormigón fresco o contemplar la belleza desnuda de un forjado es pura felicidad.

Durante la carrera aprendí que ser Aparejador implica estar al pie del cañón, supervisar el trabajo de otros profesionales y ver cómo la obra crece igual que crece un niño. E igual que los niños, las obras dan muchos problemas y algunos disgustos, pero luchas para que se conviertan en un techo noble y confortable del que te sientes orgulloso cuando cierras la puerta a la construcción y abres la puerta al hogar.

En realidad, un Aparejador tiene el corazón dividido entre los intereses, deseos y necesidades del Arquitecto (el proyectista), el Constructor (quien ejecuta la obra) y mis clientes (los principales interesados y beneficiados de que la obra se ejecute de forma satisfactoria).

Yo me debo totalmente a mis clientes, que confían en mí para que su vivienda cumpla con sus expectativas (yo procuro que las sobrepase). Pero durante el proceso tengo que lidiar con los requisitos del proyecto arquitectónico y con mis exigencias a la empresa constructora.

Todos debemos hacer nuestro trabajo, y hacerlo bien. Y el Aparejador, que está en medio del caos y de conversaciones cruzadas, es el que impone y dispone de sentido y calma al proceso constructivo. Es la figura que hace que todo fluya de forma adecuada, apagando incendios, solucionando imprevistos y mitigando preocupaciones.

Este es mi trabajo, esto es lo que hago y este soy yo.

jose iglesias aparejador

Acabé la carrera de Arquitectura Técnica en A Coruña a finales del 2004. Unos meses antes había empezado a trabajar como Jefe de Obra en una pequeña promotora-constructora, realizando un edificio de viviendas en Vigo. Con 24 años recién cumplidos, comencé a aprender casi todo sobre la obra (y en la obra). Empecé así a asumir grandes responsabilidades y a manejar equipos de personas.

La obra se acabó a los 18 meses, y di con mis huesos en un Estudio de Arquitectura. Tomé contacto entonces con las “semillas” de toda obra, que son los proyectos. Allí pude observar las caras de felicidad de las personas justo en el momento inicial de hacer SU vivienda.

Volví a trabajar como Jefe de Obra para una buena empresa, puesto que el Estudio encorsetaba mis ideas y me marcaba líneas que no quería seguir. “Es que tú eres de exteriores”, me dijo un día un amigo. Y así era.

En esta segunda etapa como Jefe de Obra, aprendí a organizarme. A mi mando tuve varias obras de diferente índole (viviendas, locales, oficinas, naves industriales, guarderías…) y a mi alrededor muchísimos compañeros. Intenté aprender de todos ellos. Creo que lo conseguí.

Pero la crisis hizo mella en el sector y la burbuja inmobiliaria explotó y saltaron por los aires miles de puestos de trabajo en el mundo de la construcción. Durante ese parón laboral obligado “aproveché” para tener a mi primer hijo y para cursar un Máster Universitario en Edificación. Al poco tiempo volví a trabajar por cuenta ajena, pero sabía que sería mi última vez. Sabía que tenía que construir mi propio camino.

Y así llegué hasta aquí.

Construí mi proyecto profesional con la dedicación y el cariño con los que construyo todas mis obras.

En esta nueva andadura profesional llevo conmigo una brújula con cuatro nortes que me ayudan a no desviarme nunca del camino que me he marcado:

  • la formación continua y de calidad
  • las relaciones enriquecedoras con los profesionales de mi sector
  • el cuidado al detalle de mis obras
  • la satisfacción plena de mis clientes

Aprendo cada día para ser mejor que el día anterior en el desempeño de mi profesión.

Para mí esta es la única clave para conseguir el crecimiento personal y el éxito profesional.

 

Jose

PD: Por cierto, la formación en la que creo es bi-direccional. Me gusta aprender, pero también me gusta que otros aprendan conmigo: «Cuando uno enseña, dos aprenden» Robert Heinlein. Y por eso tengo un Blog en el que seguro que encontrarás artículos interesantes.

PD2: Si quieres saber más cosas sobre mí, puedes visionar una entrevista muy especial en la que respondo a preguntas que me han hecho algunos seguidores de RRSS con motivo de mi 38 cumpleaños (en el año 2018).

¿Quién es Jose Iglesias? Conóceme un poco mejor